El jueves fue el cumple de la Má; en la foto, vemos que vino Ra (quien
con Anthony están haciendo robo hormiga de recetas de cosas ricas
antes de que la Má se vaya), y que Lore tenía mucho sueño. Como
siempre, la festejada trató de ocultarse tras la bebida, pero después
la agarré in fraganti con Pedro a upa, para compensar.
El sábado empezó no tan bien, con Joaquín haciéndose rogar para hacer
succión (Lore volvió muy triste del hospital, porque Joaquín no había
tomado ni un poquito de nada), pero por suerte después nos juntamos
con las brujas menores (en la foto, en sentido horario: yo, Lore,
Dori, Papaula, Leti, y Pedro), con quienes comparte mucho de vivido, y
creo que le hizo mucho bien.
El domingo estábamos por quedarnos en casa, haciéndonos de sostén
mutuo sin que nadie nos preguntara nada (autisteando un poco), pero
Yani nos invitó a comer cordero patagónico y, gordos que somos, fuimos
para allá. El cordero no era tan patagónico, proveniendo de La Falda,
pero era criado a sierra y asado a Oscar, y estaba riquísimo.
Un poco más tarde, después de una siesta que anticipaba el verano, me fui para el hospital a verlo a Joaquín. Nati me contó que le veía muy mejorada la técnica, pero que a pesar de eso, con ella había tomado muy poco. Al preguntarle cuánto, me dijo que 20cm³, y que después quedó rendido de cansancio; me alegré mucho, y le expliqué que, por lo que venía haciendo, no era nada poco. Todavía estaba medio cansado, pero a mí me tomó 10cm³, y me fui chocho. Venía en el auto, todavía con esta combinación de domingo, cordero patagónico faldense, hijo más problemático tomando más leche y mejor, y me para un semáforo en la Núñez. Había bastante cola en el semáforo, al punto de que no se podía ingresar a la dársena para giro, porque yo me tuve que detener justo donde empezaba. Una señora muy chuchetona en un auto muy bonito y con varias núbiles señoritas se paró atrás mío queriendo girar, y me tocó mucha bocina, haciéndome gestos de «boludo» (inconfundible cuando es hecho así de bien, acompañado de la boca formando bien clarito los fonemas). Muy enojada la señora. Casi me bajo a decirle que no había nada que pudiera hacer ella en el mundo para hacerme enojar, que se relajara, y que Joaquín estaba tomando un montón, y que el cordero estuvo riquísimo. Por suerte pasaron dos cosas: me acordé de mi sentido del ridículo, y cambió el semáforo.

Comments
[an error occurred while processing this directive]